Músicas de Pudahuel #2 - María Huenuñir: cantar desde la tierra, escribir desde el paisaje
- Annie Bay (Vilú)

- 12 mar
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 24 mar
María Inés Huenuñir Antihuala, cantora mapuche cuya obra nace desde la experiencia directa con el territorio del Wallmapu, la memoria oral y la transmisión viva de la cultura.
Entrevista por Annie Bay (Vilú), Diciembre 2025, Pudahuel.
Entre montañas, ríos y bosques del interior de Panguipulli, en la Región de Los Ríos, comenzó a formarse la sensibilidad que hoy sostiene la voz de María Huenuñir, cantora y creadora cuya obra nace del cruce entre memoria, territorio y espiritualidad. Su canto no surge desde una escena musical urbana ni desde la academia: nace desde una experiencia directa con el paisaje, desde una infancia vivida en territorio mapuche, donde la naturaleza no es solo entorno, sino presencia viva.
Antes de la música estuvo la escritura. Antes del escenario estuvieron los cuadernos. En ellos, siendo todavía niña, comenzó a registrar aquello que no encontraba dónde decir: penas, rabias, preguntas y contemplaciones que surgían al escuchar la lluvia, el viento o el rumor constante de los ríos.
Creció en comunidad, escuchando relatos alrededor del fogón, en un mundo donde la electricidad aún no definía las noches y donde el cielo profundo —cuando no estaba la luna— se llenaba de estrellas que invitaban a preguntarse por el sentido de todo.
Su abuelo le enseñó algo que más tarde se transformaría en el corazón de su forma de crear: que todo tiene vida. Que antes de entrar a un bosque o acercarse a un río hay que pedir permiso, porque cada lugar guarda un espíritu y una energía que merece respeto.
Durante muchos años escribió sin saber si aquello era poesía, relato o simplemente pensamientos íntimos. No se pensaba a sí misma como autora. De hecho, cuando en un taller de mujeres de pueblos originarios alguien la nombró por primera vez como “poeta”, la palabra le produjo incomodidad. Sentía que la poesía pertenecía a quienes habían pasado por la universidad o dominaban un lenguaje técnico.
Lo suyo —dice— era otra cosa: una escritura simple, directa, nacida de la experiencia.
Con el tiempo sus textos comenzaron a circular, hasta convertirse en libros publicados. Y desde esa misma raíz, la palabra comenzó lentamente a transformarse en canto.

La música llegó mientras trabajaba como transmisora cultural en jardines infantiles, enseñando lengua y cosmovisión mapuche a niñas y niños pequeños. Allí comprendió algo que las culturas originarias han sabido por siglos: el canto es también una forma de aprendizaje y de memoria.
“Los niños aprenden cantando. Juegan cantando”, explica.
En el jardín donde trabaja existe un canelo plantado en el centro del patio. Bajo ese árbol sagrado, cada lunes se realiza una ceremonia sencilla donde niñas, niños y familias agradecen a la tierra por la vida, el bienestar y la comunidad. En ese gesto cotidiano se aprende a detenerse, a observar, a escuchar.
Esa dimensión espiritual atraviesa también su música.
No todas las cantoras mapuche comparten la misma experiencia vital. Muchas de ellas han crecido en contextos urbanos o alejadas del territorio ancestral. En el caso de María Huenuñir, su canto proviene de una relación directa con el Wallmapu, de haber vivido y crecido en un entorno rural donde la cosmovisión mapuche no era una enseñanza teórica, sino una práctica cotidiana.
Esa diferencia se percibe en la naturaleza de sus composiciones.
Sus melodías nacen desde la escucha del paisaje y desde la energía que entrega la Ñuke Mapu cuando existe una relación verdadera con el territorio. Sus letras no buscan representar una cultura desde afuera: emergen desde una experiencia vivida, desde la memoria del lugar.
Por eso, en su proceso creativo, la música no se separa de la espiritualidad ni del paisaje.
En algunas grabaciones, productores externos han incorporado arreglos musicales más amplios. Sin embargo, con el tiempo su búsqueda ha tendido hacia sonoridades más esenciales, donde la palabra y el pulso del canto mantengan el centro.
“Lo más originario es distinto”, explica.“Es más espiritual. Tiene otro carácter”.
Escuchar a María Huenuñir es también escuchar un territorio. Uno donde el sonido del agua, del viento y de la lluvia siguen siendo parte del lenguaje.
Porque en su obra cantar no es simplemente interpretar una canción.
Es continuar una conversación antigua entre la tierra, la memoria y la voz humana.



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